Con esta línea de globalización de la cultura, podemos ver un primer atisbo de hacia dónde se dirigen los intereses de la sociedad actual.

Quizás, las frases que más veces has escuchado últimamente en círculos de amigos y conocidos sean:

  • ¿Has visto el último capítulo de X?
  • No me spoilees la serie.

Aunque, por supuesto, siempre están aquellos otros que prefieren contestar:

—¿En serio no tienes nada mejor que hacer?

 

A lo mejor te preocupa un poco pensar que acaso tengan razón y estés perdiendo el tiempo tirado en el sofá viendo tu serie favorita, cuando podrías estar haciendo cosas mucho más interesantes.

No te deprimas, voy a demostrarte que no estás perdiendo el tiempo si decides dedicarte un día entero a ver las últimas series de las que todo el mundo habla.

 

Con el auge de un setentero formato televisivo, el de la serie, se ha dado una vuelta de tuerca a los personajes protagonistas desde sus comienzos en el mundo audiovisual con la mítica Bonanza.

Partiendo de lo que ya se había trabajado en la literatura y en el cine, se ha llegado a algo donde quizá no haya novedad, pero sí innovación.

En la literatura, siempre se ha trabajado por dar forma a los caracteres, investigando el lenguaje, trabajando en nuevos modos de expresión para conformar en el lector la imagen del complejo carácter de un personaje.  Más tarde, a partir del nacimiento del cine, se abordó desde este medio la gran problemática, donde en un menor espacio de tiempo el espectador debía percibir no solo el argumento, sino la función de cada sujeto dentro de él. En los comienzos, eran aquellos personajes maniqueos identificados por la música que los acompañaba, siguiendo la línea de la obra Pedro y el lobo.  Sin embargo, tras arduos esfuerzos, mucho Hitchcock y mucho John Ford, se alcanzó la idea de la serie televisiva. Poco a poco, y al igual que se había hecho en las otras dos artes, fue aumentando la calidad de este formato.

Con esta línea de globalización de la cultura, podemos ver un primer atisbo de hacia dónde se dirigen los intereses de la sociedad actual.

A día de hoy, guionistas y directores, cuentan ya, con una media de doce horas para mostrar al público la evolución de una trama, unos personajes dentro de un contexto, y su evolución a lo largo de sucesivas experiencias. A modo del movimiento realista y naturalista del XIX, se han reproducido en la pequeña pantalla una serie de personajes orgánicos que están empezando a convertirse en parte del imaginario colectivo. Es decir, gracias a la evolución de esta escritura del nuevo personaje, cuando se superó Hombre rico, hombre pobre y se llegó a Los Soprano, se abrió el camino hacia la época dorada de las series, llegando, para muchos, a situarse al mismo nivel que el cine.

 

Los grises…

De hace poco más de una década a esta parte, han seguido el camino de Tony Soprano, otros personajes creados únicamente para la ficción visual, Dexter Morgan (un psicópata que solo asesina a psicópatas), Walter White (un profesor de instituto que se pasa al narcotráfico debido al sueldo bajo que paga el estado al profesorado estadounidense); Nucky Thomson (un alcalde de New Jersey en la época de la Ley seca que llega adonde está, no por ser un ángel) o, incluso, un equipo entero de la policía de Baltimore en The Wire (buenos y malos ellos, pero también los delincuentes). En todas ellas, se explican los grises, y el espectador no necesita más que asentir, porque en su lugar nunca diría que no haría lo mismo.

Globalización de la cultura

globalización de la cultura
Con esta línea de globalización de la cultura, podemos ver un primer atisbo de hacia dónde se dirigen los intereses de la sociedad actual.

Con esta línea de globalización de la cultura, podemos ver un primer atisbo de hacia dónde se dirigen los intereses de la sociedad actual y cómo buscan las razones al porqué somos como somos: buenos y malos, simples y complicados, tontos e inteligentes, vividores y supervivientes; en definitiva, grises. Y al encender el televisor o el ordenador y empezar a ver series creadas y producidas a todo lo largo y ancho de este mundo, donde en bastantes ocasiones se tratan los mismos temas e incertidumbres, te das cuenta de que, en numerosas ocasiones, las series que más atraen son aquellas que muestran un elenco de personajes que justifican nuestras acciones positivas, y también nuestros pensamientos negativos; que intentan acercarse a por qué no somos igual que ayer o que mañana, a educar sobre las elecciones y también sobre los mundos posibles que nos quedan por descubrir.

 

Cultívate desde el sofá

La mayoría de series de televisión de hoy día educan y ayudan a conocer más allá de uno mismo. Puede ser que ahora las preguntas sobre qué libro has leído se reduzcan frente a las que se centran en si has visto el último capítulo de X; pero que no intenten convencerte, no es malo. Ten por seguro que el término “teleadicto” está empezando a teñirse de matices positivos: las series son una nueva forma de acceder a la cultura y, por qué no, intentar comprender el mundo.

 

 

Sandra CataláUncategorizedCon esta línea de globalización de la cultura, podemos ver un primer atisbo de hacia dónde se dirigen los intereses de la sociedad actual. Quizás, las frases que más veces has escuchado últimamente en círculos de amigos y conocidos sean: ¿Has visto el último capítulo de X? No me spoilees la...Tu sitio de prácticas web en línea