Días no lectivos; vacaciones; largas jornadas laborales.
Conciliar es —aún— más difícil de lo que parece…

La conciliación es una patraña. Dudo mucho que haya ninguna madre ni ningún padre que opine lo contrario. Si acaso, quizás, algún profesor…. ¿Que cómo llego a esta conclusión? Es sencillo. Hoy es día no lectivo (enlace al calendario escolar). Por que sí. Porque los profesores tienen derecho a descansar (¡y tanto! Yo con tres acabo agotada, no quiero ni pensar si tuviera 22…). Pero yo trabajo. Claro, a mi jefe le importan cero patatero los días no lectivos. Por si hay alguna duda, nunca le han importado mucho. Pero ahora que sus hijos no viven en casa, aún menos.

 

La conciliación es una patraña
La conciliación, en realidad, no existe

El caso es que mis opciones se resumen en dos: me gasto dinero para que les cuiden o me gasto mis días de vacaciones para ocuparme de ellos. Vamos, que en cualquier caso, el gasto lo hace la menda. O sea, yo. No pasa nada. Desde el mismo momento en que una se plantea tener hijos, ya asume que trabajar cuesta ¡y mucho! Mucho sacrificio, mucho dinero y muchos canguros… Sí, muchos. Porque no siempre sirve el/la mismo para las diferentes situaciones. Yo, en concreto, tengo una compleja red de canguros. Veamos:

1.- Canguro para las mañanas: ella viene, yo cojo el coche y me paso horas al volante en un atasco horrible camino de un trabajo al que siempre llego tarde.

2.- Canguro para las tardes: sí, porque a quién no le ponen una reunión un par de veces a la semana a la hora exacta en la que sus gemelas salen del cole.

3.- Canguro para los días no lectivos, claro…

4.- Canguro para la Semana Santa

5.- Canguro para las tardes de junio y septiembre en que el cole acaba a las 13.00. ¡Qué bendición para los profes que por 4 horas cobran lo mismo que por 6!

6.- Canguro para Navidad. Sí, yo me cojo una semana, pero no, encima tengo que contratar a una canguro para que me dé tiempo a ponerme la corona de Rey Mago…

7.- Canguro para tres meses de verano. Sí, tres meses! Y eso claro, no hay canguro que lo resista si tiene que ocuparse de dos gemelas de 4 años más un bebé de 13 meses….

Con estas necesidades, cualquiera podría vivir —y bastante bien, por cierto— de ser mi canguro. Pero claro, para no arruinarme, procuro coger universitarias que precisamente estudian para no ser solo canguros. Para tener un futuro mejor en el que poder pagar una pasta a la canguro que contraten para que cuide a sus hijos… ¿Tiene esto sentido? Me temo que sí.

Porque la conciliación más que una patraña, es una quimera. Sí al menos en una sociedad —y en un país— en la que las jornadas laborales son más largas que un día sin pan. Y en la que el gobierno no pone remedio a esta situación imposible en la que a menudo incorporarte de la baja maternal supone gastarse más dinero del que se gana… Hasta que no se tomen medidas estatales para que el padre o la madre lo tenga más fácil —y más barato— para cuidar de sus hijos sin renunciar a su carrera (y sí a la cara de mala leche de su jefe), solo nos permitiremos soñar con la dichosa palabreja. Entre esas medidas podría señalar tres esenciales:

  1. Ayudas económicas reales para la crianza de los hijos.
  2. Disposición de centros educativos abiertos y con coste cero para los días sin cole.
  3. Control de los horarios para posibilitar hacer los deberes con nuestros hijos.

 

 

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